Los mil kilos de explosivos utilizados en la voladura no fueron capaces de acabar, totalmente, con las dos estructuras más altas que ha tenido nunca el Bierzo, en la antigua central térmica de Compostilla II, en Cubillos del Sil.

Fue el hecho más comentado después de la operación, que dejó en pie la parte inferior de la chimenea más alta, la de 290 metros. Unos setenta metros se mantienen erguidos y han resistido ese intento de eliminación.

La explosión, a la una de la tarde, tiraba primero la nave de tolvas de carbón. Segundos después se detonaban los cartuchos de dinamita montados en las chimeneas. Una y otra se partían por la mitad y caían. No del todo, como si fuera el símbolo de una tierra que se resiste a caer.

Y salvando la resistencia de la parte inferior de esa chimenea que no se ha caído, Endesa advierte que el proceso de desmantelamiento de la térmica entra en su recta final. Ya está por encima del 90 por ciento y se pretende acabar antes de fin de año. Ahora, se pretenden recuperar las 44.000 toneladas de hormigón, de las que se aprovechará el 95 por ciento.
Además, Endesa destaca que, desde que empezó la tarea de eliminación de la térmica de Cubillos, se han dedicado más de un millón doscientas cincuenta mil horas de trabajo, con un promedio de personal que en enero alcanzaba las 108 personas. Y la empresa eléctrica reseña que dos tercios son mano de obra local.


