Los sotos de castaños de la comarca del Bierzo son auténticos activos estratégicos para la llamada bioeconomía. Un estudio redactado conjuntamente por la Mesa del Castaño del Bierzo y por el consorcio forestal de Castilla y León, Cesefor, evidencia que aportan a la sociedad mucho más que las castañas.

Estos árboles no sólo dejan frutos cada otoño, sino que, además, contribuyen a la captura de CO2, purifican el aire, proporcionan agua limpia, ayudan a la fertilidad de los suelos, a controlar las inundaciones o facilitan la polinización de los cultivos.
Son algunos de los muchos beneficios que aportan los sotos, según se constata en esta investigación exhaustiva que ha cartografiado los castañares y ha puesto sobre el papel una percepción que ya existe en la comarca y que ha ido pasando de generación en generación, según dice el presidente de la Mesa del Castaño del Bierzo, Pablo Linares.
Con los datos biofísicos y los parámetros obtenidos, la Mesa del Castaño y Cesefor pretenden que se contribuya a cambiar el modelo de negocio del sector forestal: pasar de aprovechar únicamente las castañas o la extracción de leña, a gestionar los sotos como proveedores de servicios ambientales.

Cesefor destaca varios hitos detectados después del análisis de los sotos. Son bosques con gran capacidad de infiltración del agua, que evitan escorrentías rápidas e inundaciones y favorecen el mantenimiento de agua en los acuíferos y los ríos. Los castaños también permiten fijar hasta tres toneladas de CO2 por hectárea al año. Si el dato se traslada a lo que paga el mercado europeo de derechos de emisión, se podrían cobrar de 185 a 230 euros anuales por cada hectárea. Y además, los sotos tienen capacidad de albergar mucha biodiversidad.
Por todo ello, los especialistas concluyen que los castaños no solo producen recursos tradicionales, sino que constituyen “activos estratégicos”.


