Un discurso que aplicó conceptos de la Psicología a la Semana de Pasión, de la mano del berciano Alejandro Santos Mayo, doctor en Neurociencia Cognitiva.

En su intervención destacó que la Semana Santa sería imposible sin emociones y sentimientos, los que brotan en forma de lágrimas o con los pelos de punta, cuando se ven desfilar los pasos en las procesiones o se oye la música de las marchas; y otras impresiones que no se pueden describir y que nos «empujan a volver a Ponferrada y el Bierzo». Un conjunto que hace única nuestra Semana de Pasión, decía, un «ancla, un freno que te devuelve a la realidad. Un punto de referencia que ofrece estabilidad en medio del caos. Así es como veo la Semana Santa en Ponferrada: como un lugar seguro, un lugar al que volver».

El pregonero, Alejandro Santos, evocaba una Semana Santa llena de color, «no son días grises», y repleta de tradiciones y costumbres, que se mantienen gracias a la implicación de la sociedad, y que aportan un «oasis de estabilidad, apego y seguridad».
Además, confesaba su «estallido emocional» de la Semana Santa. Ir debajo del trono del Nazareno, en las procesiones del Viernes Santo, en cuclillas y elevándolo al cielo después de pasar con cuidado por el arco de la Torre del Reloj. «Es en ese momento donde comprendes qué significa una emoción y ese extra de energía que te proporciona», añadía.

Antes, Alejandro Santos recordó que su medalla de cofrade de la Real Hermandad del Nazareno colgaba de su chupete, porque con apenas dieciocho meses ya salía con su madre que empujaba la imagen del Ecce Homo en las procesiones del Viernes Santo. Después, con seis años, tocando el triángulo con la banda de cornetas y tambores “Nazién”. Y finalmente, desde los ocho años, tocando el timbal, hasta que se fue a estudiar fuera y venía para llevar el paso del Nazareno, igual que su hermano y como hizo su padre.

Terminó con una invitación a «sentirnos orgullosos de nuestra Semana Santa, única en muchos aspectos. Sentirnos orgullosos de nuestra tierra y de nuestras tradiciones, y con ello, orgullosos de nuestras gentes». Y terminó con una invitación a participar en la Semana Santa y explorar «qué emociones y sentimientos os evocan sus procesiones y actos».
Después, recibió un pergamino de recuerdo, acompañado por representantes de las cinco cofradías de Ponferrada.

El acto se completó con la entrega del título y la imposición de las medallas de “cofrade de honor” de la Real Hermandad de Jesús Nazareno, a los funcionarios de prisiones de la cárcel de León. Una distinción recogida por cuatro de ellos, vestidos con su uniforme de gala, y la directora del centro penitenciario de Mansilla de las Mulas, Nélida de Andrés.

Las medallas fueron impuestas por el mayordomo de la centenaria cofradía, Salvador Rodríguez, y el alcalde de Ponferrada, Marco Morala.

Los funcionarios de la cárcel provincial volverán a salir en la Procesión de la Santa Cena, en la tarde del Jueves Santo. Un concierto de las bandas de música de la Real Hermandad puso colofón al acto del pregón de la Semana Santa Ponferradina.

