Sonó como una conmovedora «nana» para acompañar el movimiento del Cristo de la Esperanza, llevado a hombros por mujeres, y del pequeño Cristo de la Fortaleza, en el interior del Castillo de los Templarios.

El monumento más importante de Ponferrada volvió a ser escenario del Vía Crucis, después de los dos años anteriores de ausencia por culpa de la lluvia. Y en ese entorno sin comparación, se rezaron las catorce estaciones del Vía Crucis que representa la Pasión de Jesús.

Las lecturas y la reflexiones, habitualmente acompañadas de música monástica, aportaron este año la novedosa incorporación de una de las canciones de Rosalía. En dos ocasiones se reprodujeron fragmentos de la pieza operística titulada «Mio Cristo piange diamanti», que la artista barcelonesa interpreta en italiano y que constituye una plegaria en la que utiliza la metáfora de lágrimas que se convierten en diamantes, como símbolos de la belleza del dolor y una fe incondicional.

«Mio Cristo piange diamante. Piange, piange diamante… Ti porto, ti porto sempre», que significa «Mi Cristo llora diamante. Te llevo siempre…» resonaron en la voz de Rosalía entre las murallas del Castillo de los Templarios, donde decenas de fieles seguían respetuosamente el desarrollo del Vía Crucis Penitencial, que se ha convertido en uno de los símbolos más destacados de la Semana Santa de Ponferrada.

La aportación musical conmovió a los asistentes en medio de una atmósfera de recogimiento que se mantuvo hasta el final de la singular procesión, que concluyó con la habitual interpretación de «La muerte no es el final», en la voz de la Ronda «El Salvador» de Toral de Merayo.

Este año, las velas colocadas en el suelo del espacio central del Castillo sirvieron de recuerdo a las víctimas del trágico accidente ferroviario en la línea de Alta Velocidad en la localidad cordobesa de Adamuz. Se encendió un cirio por cada una de las personas que perdió la vida en aquel siniestro.


