Se entregaron un total de 18 galardones, con récord de dotación económica, 31.000 euros, y reconocimiento también a propuestas históricas como los Maios de Villafranca y el Belén de Folgoso de la Ribera; o las recuperaciones de la Braña de “Zarameo”, en Matalavilla, y del propio pueblo de Salientes, ambas localidades del municipio de Palacios del Sil.

La ceremonia de entrega de estos galardones ponía el broche de oro a la décima séptima edición de estos premios “Palacio de Canedo” de “Prada A Tope”. El empresario y bodeguero José Luis Prada, «alma mater» de los galardones, se muestra orgulloso de la evolución de este certamen, que ha ayudado –y sigue haciéndolo- a respetar y mejorar la arquitectura de los pueblos. Y destacaba el fenómeno creciente de llegada de gentes de otros lugares de España que está comprando casas en los pueblos del Bierzo.

El premio más generoso, 3.500 euros, se otorgaba a la palloza de Penoselo, levantada por la Junta Vecinal en un viejo edificio dedicado a cuadras, excavado en parte en la montaña, y que ahora se dedicará a casa del pueblo, con teito de paja de centeno. Las otras iniciativas públicas premiadas fueron la restauración de una cabaña en la Braña de la Campona, de la Junta Vecinal de Páramo del Sil; y la recuperación del único lagar que quedaba en Quintana de Fuseros, donde, en el pasado, también había viñedos.
Entre los proyectos de particulares, el premio más cuantioso, dotado con 2.500 euros, recaía en Andrea Sobredo, por la recuperación de su antigua casa familiar, que ahora es su residencia, en Vega de Valcarce, junto a la antigua carretera Nacional Seis, en pleno Camino de Santiago. En esa misma categoría, segundo premio para una obra de Cobrana, en Congosto, donde la familia de Juan Manuel Camacho reconstruyó un viejo pajar que alberga un pequeño alojamiento de turismo rural y sirve, además, como centro social para la asociación “La Nogal”.
Reconocimientos también para dos casas de Noceda del Bierzo, intervenciones desarrolladas por Javier Vega y por Ángel Arias Travieso; para Alfonso Cruz, en Fontoria; para Cristina Fernández en Quilós, por recuperar la vivienda de sus antepasados; y para Dióscoro Fernández, por una obra en el casco urbano de Molinaseca.
Premio especial del Colegio de Arquitectos de León a la restauración de la vieja Herrería de Tejedo de Ancares, un inmueble del año 1787 que estaba en ruina y recuperado por el Ayuntamiento de Valle de Ancares. Su alcalde, José Antonio Álvarez Cachón, advertía que queda mucho por hacer después de reconocer que ha sido un proceso especialmente complicado.
Y otro galardón especial del Colegio de Arquitectos Técnicos y Aparejadores de León recaía en la restauración de un hórreo de la familia Valcarce en Barjas. Se trajo hace años desde un pueblo abandonado de Galicia y ahora forma parte de un conjunto de postal.

Mención aparte merecen los premios “Por Tu Pueblo”, a iniciativas de personas o colectivos que redundan en la mejora de la calidad de vida de los pueblos. Ahí, galardón al Belén de Folgoso de la Ribera, que ha cumplido 63 años, por el que pasan unas veinte mil personas cada Navidad, y que ahora dirige Teodoro Villaverde.
Distinciones, también, para la Escola de Gaitas de Villafranca del Bierzo, por organizar y mantener la Festa dos Maios, un festejo único en el Bierzo; a los vecinos de Salientes, por su empeño en mejorar la vida del pueblo y recuperar la esencia de su historia, con la actuación más reciente que ha devuelto el sonido del agua del arroyo a las calles con una traída de casi medio kilómetro; y a la Braña de Zarameo del pueblo de Matalavilla, donde se han recuperado veinticuatro cabanas de brañeiros, las antiguas construcciones de ganaderos en los pastos altos, que ahora son residencias veraniegas.
Doble premio, por tanto, al municipio de Palacios. Y en el valle del Sil, distinción también a la comisión de Fiestas de Páramo del Sil; jóvenes del pueblo preocupados de mantener la vida. También los vecinos de Villar de las Traviesas recibían otro reconocimiento por la recuperación del potro del pueblo, donde se herraban las caballerías, el ganado vacuno y hasta las mulas de las minas de carbón cercanas.


