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La Junta abre el proceso para declarar BIC el complejo minero de la Peña del Seo

Abierto el proceso para declarar el complejo minero del wolfram de la Peña del Seo, en Corullón, como Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Industrial. Es el primero de esas características en Castilla y León. La Consejería de Cultura y Turismo de la Junta inicia el procedimiento burocrático.            

      El expediente reconoce la singularidad del conjunto ubicado en Cadafresnas y que se mantiene “tal y como fue construido, permitiendo reconocer el proceso completo de extracción del mineral y el contexto social en el que se desarrollaban las labores mineras”. Además, destaca que se ubica en una zona de gran valor natural, con lo que señala que constituye “un testimonio histórico, técnico, social y etnográfico extraordinario”.

      El informe publicado desde la Dirección General de Patrimonio Cultural detalla cómo el proceso de extracción de wolframio alcanzó mayor auge durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se utilizaba para municiones, armamento y blindaje de los carros de combate.

      El inicio de la explotación de la Peña del Seo se fija en los años cuarenta, cuando se extraía como actos de pillaje o “recuperaciones”, en un momento en el que el precio del mineral fue muy elevado y era un bien muy codiciado en el contexto bélico. Grupos de gente buscaban wolframio por su cuenta y lo vendían de estraperlo a intermediarios de los dos bandos de la guerra. Se llegó a cotizar a más de 200 pesetas de la época por kilo.

El tráfico de wólfram vertebró las relaciones diplomáticas del régimen franquista con la Alemania nazi, pero también con los aliados, especialmente Estados Unidos y Gran Bretaña, en lo que se denominó “la batalla del wolframio”, relata el expediente. En 1944 se reguló la extracción del mineral y se otorgó la primera concesión minera oficial de la Peña del Seo: la denominada «Mina Currito», promovida por Joaquín Santos Bugallo. En 1947, Bugallo vendió la mina a Francisco González, que inyectó más capital para darle un carácter de verdadera explotación industrial. En 1951, a cambio de algunas acciones, vendió sus concesiones a la empresa “Montañas del Sur”, que se encargó de la explotación hasta finales de esa década, momento en el que el Banco Central, principal financiador, incautó las minas ante la quiebra de la empresa.

      A pesar de la gran infraestructura desarrollada, el beneficio económico de la mina fue bajo, por los elevados costes de inversión en las labores mineras, el tratamiento y el transporte del mineral, además del desplome de precios del wolframio en los mercados internacionales tras la Guerra de Corea. De ahí que a finales de la década de 1950 dejara de funcionar la explotación.

      La propuesta de declaración de La Piela como Bien de Interés Cultural incluye la mina, los dos lavaderos y el poblado. La explotación minera tenía siete plantas hacia el denominado Barranco del Infierno. En las labores de interior llegaron a trabajar cerca de 500 mineros. La producción anual era de setenta toneladas de concentrado de wolframita.

      En los lavaderos, el material extraído se trituraba para extraer el mineral puro, a través de un sistema aéreo de baldes llamado “vaivén”. El agua para lavar el mineral llegaba desde el arroyo del Diablo, a través de tuberías metálicas y de hormigón. Actualmente se conservan restos de las tolvas de hormigón, pero no los apoyos del sistema de baldes. El lavadero nuevo era más grande, pero funcionó pocos meses. Lo más llamativo es que tenía depuradora de las aguas que se vertían al arroyo. Vinculados a estas instalaciones, había talleres, almacenes, transformadores y casetas, hasta completar el conjunto de la Peña del Seo.

      Y luego está el poblado, construido entre 1952 y 1953. Tenía diez edificios, cada uno con cuatro viviendas, donde se alojaban las familias de los trabajadores de la mina. Disponían de elementos que no eran habituales en la época, como agua corriente, baño privativo en cada vivienda, electricidad, calefacción y agua caliente, gracias a la cocina calefactora de carbón con calderín. Los trabajadores que no tenían familia se alojaban en los bajos de los edificios y tenían a su disposición un comedor comunitario. El poblado de la Piela contaba también con un economato, un sanatorio, una escuela y una cantina. En los últimos años contó también con un cuartel de la Guardia Civil.

      Esas minas fueron sirvieron de escenario a la famosa novela de Raúl Guerra Garrido, bajo el título de “El año del wólfram”, que fue finalista del Premio Planeta en el año 1984.

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