Sigue la incomunicación, por carretera y por teléfono, del valle de Fornela, a causa de la riada que generó la tremenda tormenta caída en la tarde de este martes en montes de Faro. El agua arrastró, por el valle del llamado Arroyo Vegas Verdes, tierra, piedras, troncos, maleza y restos de la vegetación quemada en el incendio forestal que el verano pasado asediaba aquella localidad del municipio de Peranzanes.

La Diputación anuncia una intervención de emergencia para reabrir, lo antes que sea posible, al menos un carril de la carretera. Más tiempo habrá que esperar para reponer el cable de fibra óptica que permitía las comunicaciones con los pueblos del valle.

El vicepresidente de la Diputación y responsable del área de Infraestructuras, Roberto Aller, visitaba la zona a última hora de la mañana, y confirmó la necesidad de una obra de urgencia.

Al tiempo, el diputado leonesista, que gobierna en coalición con el PSOE, no dejó pasar la oportunidad para criticar a la Junta de Castilla y León porque “en un año no se ha hecho absolutamente nada –decía- en el terreno deforestado por los incendios”.
Aunque la mayor parte de los materiales arrastrados por el agua ya se han retirado de la calzada, es necesario revisar detenidamente el estado de las estructuras que soportan el asfalto, afectadas por descalces.
Ese hecho también afecta a la carretera de acceso a Faro, cortada y que tardará más tiempo en abrirse, asume la alcaldesa de Peranzanes, Henar García.
Las dos personas que estaban en Faro en el momento de la riada pudieron salir por una pista forestal, aunque esa opción tampoco parece segura. Henar García cree que es el momento de afrontar el proyecto para la mejora de esa carretera, que espera desde hace mucho.
La única forma de entrar o salir del valle –y solo en todoterreno- es una pista por la montaña. Otros optaron por hacer el camino andando. El Ayuntamiento de Peranzanes habilitó vehículos para atender servicios esenciales, reparto de medicamentos, asistencia a personas dependientes o situaciones de urgencia.
La alcaldesa recordó la comparación del fenómeno con una “pequeña DANA”, por su similitud con las riadas en el Levante. En un relato estremecedor, Henar García contó que fue avisada por un concejal que, precisamente, reside en Faro, y que oía un gran rugido que salía de las montañas: era el agua que avanzaba por el cauce del arroyo y que iba arrastrando ceniza, piedras, ramas y troncos.
Alguna estimación determina que pudieron caer más de treinta litros por metro cuadrado en una media hora.
Además, la riada rompió el cable de fibra óptica que garantizaba las conexiones de telefonía e internet por el valle de Fornela, que tampoco disfruta de cobertura de telefonía móvil en plenas condiciones.
La incidencia bloquea la actividad del Ayuntamiento y afecta a vecinos y negocios.
La alcaldesa, Henar García, añade que las empresas pueden tener problemas en las próximas semanas y, más allá en verano, cuando crece la población y la cifra actual de trescientas personas “se multiplica por diez”.
Aguas abajo, el río Cúa pasa por Vega de Espinareda convertido en un lodazal, con barro, cenizas y troncos. El ayuntamiento abrió una compuerta de la playa fluvial, para evitar posibles desbordamientos. El agua ya ocupaba parte de la zona de césped y se acercaba a la carretera y varias viviendas cercanas.
Y siguiendo el cauce, panorama parecido en Cacabelos donde la zona de su playa fluvial también presenta, ahora, un panorama dantesco que recuerda al “chapapote”.


