
La llegada del frío, estos días más intenso, evoca las imágenes, los aromas y la costumbre de una de las tradiciones más antiguas del Bierzo y Laciana. Las matanzas. Un hábito ancestral que, en los últimos años, sigue decayendo. De hecho, el año pasado, hubo poco más de 1.400 matanzas en la provincia de León, sólo setenta en el Bierzo.
Es otra consecuencia del envejecimiento del medio rural. Abuelos o padres ya no pueden hacer la matanza y los jóvenes no están demasiado interesados en mantener esta tradición que antaño permitía llenar la despensa para todo el año. También afectan las fuertes restricciones legales y sanitarias, según reconoce la jefa del Servicio Territorial de Sanidad de la Junta de Castilla y León en la provincia de León, Concepción Domínguez. Y, por eso, muchas familias ya optan por comprar la carne para elaborar sus propios embutidos.

Este año, el gobierno autonómico ha expedido autorizaciones a 26 veterinarios, son tres menos que en la campaña pasada, para reforzar el control de las matanzas domiciliarias de cerdo y jabalíes. Y las recomendaciones siguen siendo las habituales. Como norma fundamental, se debe analizar la carne antes de consumir para evitar enfermedades como la triquinosis.

La disminución de la cifra de matanzas de cerdo contrasta, según los datos oficiales, con un incremento del control de jabalíes provenientes de la actividad cinegética. Muchos de los animales que se cazan acaban sirviendo para consumo humano. El año pasado se certificó la calidad de 585 jabalíes en la provincia, 74 de ellos en la zona del Bierzo. Y en este invierno, hay más control, como consecuencia de la detección del brote de peste porcina africana en Barcelona.
Finalmente, el Servicio de Sanidad de la Junta de Castilla y León recuerda que los productos elaborados en las matanzas domiciliarias son para autoconsumo. Está prohibida su venta.


