
Es el término literal utilizado por el escritor y académico lacianiego, en la ceremonia en la que recibía la Medalla de Oro de la Provincia de León, otorgada por la Diputación. Y allí, reflexionó sobre la situación de los territorios donde durante un siglo se sacó carbón, en días especialmente dolorosos después del trágico accidente que costó la vida a cinco trabajadores de Laciana y del Bierzo en Cerredo. Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) ponía voz a los sentimientos de las cuencas que vivieron del carbón con una mirada especial a la tierra donde nació para decir que ese valle «ha quedado perdido y con la mina traicionada. No sé si era necesario el cierre de la minería del carbón, pero sí que se hizo de una manera impía», término sinónimo de cruel, impasible o despiadado.
El Premio Cervantes renovó sus vínculos con su tierra donde nació, a pesar de que los avatares de la vida lo hayan asentado en Madrid. «Soy el escritor que soy porque nací en León, y aquí quiero seguir estando», proclamaba. Además, reconoció que esta distinción es «el más entrañable» de todos los reconocimientos que ha recibido, porque se entregaba en la casa donde trabajó su padre, Florentino, quien ejerció como secretario de la Diputación leonesa.
Por eso, Luis Mateo se trasladó con su familia desde Villablino, cuando tenía doce años. Salió de su casa, como tantos niños de posguerra, en busca de otra vida. Y así, recordó León como una «ciudad aureolada de antigüedad y con el fulgor de los monumentos», que luego se convirtió, en palabras del escritor, en una «ciudad vieja y fea, que sobrevivió como pudo cuando el país estaba secuestrado». Aquel tiempo permitió al académico evocar su infancia y sembró la semilla para la creación del territorio imaginario de Celama, que ha marcado la trayectoria literaria de Luis Mateo Díez.

El escritor lacianiego dejó, para los asistentes, una confesión: «En las notas saqué un cero paratero en Lengua y Literatura. Era un secreto, pero creo que ya se puede decir. En definitiva, soy un niño escritor, mal estudiante y repetidor miserable», concluía, generando risas entre los asistentes.


