Se cumple un año de la destrucción de la aldea de Lusío, en el municipio de Oencia, arrasada por el fuego del trágico incendio forestal del verano pasado, que quemó una decena de viviendas y que dañó quince construcciones en la vecina localidad de Arnado.

Un año después el panorama no ha cambiado demasiado. Solo se han reconstruido dos casas, prefabricadas, que aún no están finalizadas. Es un avance muy lento que ha dejado prácticamente desierto el pueblo este verano, cuando solía estar lleno de vida. Aún así los vecinos que “resisten” no pierden la esperanza de volver a ver, algún día, las casas en pie de nuevo y las calles con vida. Es al menos lo que espera Susana Sevane, cuya familia perdió numerosas casas en Lusío.

Mientras la naturaleza está haciendo su trabajo. El verde vuelve a cubrir las montañas, pero es solo monte bajo. Ya no hay castaños centenarios y se ha perdido un auténtico “pulmón”. Susana lamenta que el monte siga sin limpiar y que cada vez sea más difícil mantener ganado. Mientras hubo reses en las montañas, nunca se quemaron, recuerda.

Y esta mujer de Lusío también lamenta que, un año después “no se ha aprendido nada”, ya que los incendios se repiten, se siguen desalojando pueblos y la impotencia y la rabia regresa a todos aquellos que ya han pasado por una experiencia como esa.

Este aniversario se iba a recordar con una procesión con la virgen que el año pasado sacaron de su iglesia como medida preventiva, cuando las llamas estaban más cerca. Al final, no ha sido posible dado el mal estado del acceso al templo.

Aquel incendio forestal que quemó Lusío y afectó al pueblo de Arnado llegó desde las provincias de Orense y de Lugo. Quemó 45.000 hectáreas, 4.500 en Oencia, y era hasta el reciente siniestro de Ávila y Madrid, el más extenso de la historia en España.


